Daniel López Rosetti profesor argentino, en su libro “Emoción y sentimientos”[1] hace un paralelo entre la construcción de un edificio y el desarrollo evolutivo de nuestro cerebro que, desde mi perspectiva ayuda a aclarar cómo fue construyéndose, durante la evolución, nuestro cerebro. El hombre primitivo era incapaz de realizar cálculos matemáticos, de escribir un texto, incluso incapaz de hablar, pero ya sentía emociones como miedo, ira, alegría, tristeza.   La conclusión de lo anterior es que en nuestra evolución “las emociones anteceden largamente a nuestra capacidad de pensar”. Si lo comparamos con la construcción de un edificio ellas conforman el primer piso. “Hemos sentido mucho tiempo antes que apareciera el primer pensamiento”.

Las funciones instintivas y las emociones aparecieron en nuestra especie, al igual que el primer piso de un edificio, mucho antes que el último piso.  Luego con la lentitud del tiempo de la evolución de nuestra especie desarrollamos nuestro sistema nervioso central, con nuevas estructuras cerebrales que fueron agregando funciones más complejas junto al pensamiento. Debemos asumir entonces que las emociones por antiguas se ubican en el primer piso del edificio donde se encuentran los cimientos.

Como una edificación

Ahora del mismo modo, así como la destrucción de los cimientos de una construcción es capaz de derribar todo el edificio, “las alteraciones emocionales echarán por tierra todos los esfuerzos racionales por alcanzar la felicidad, el bienestar y el éxito”. 

¿Con cuál imagen te identificas en este momento?


Cada nuevo nivel evolutivo de nuestro sistema nervioso agrega funciones nuevas que, de algún modo, actúan modulando las funciones inferiores. Pero cuando hablamos de “inferiores” no debe comprenderse como menos importantes sino simplemente más antiguas y, por tanto, resultan tan necesarias como los pisos superiores.  “Una mente brillante, una persona inteligente, capaz de un complejo razonamiento, no alcanzará el bienestar ni el éxito si maneja mal sus emociones”. 

No intentes racionalizar tus emociones

A menudo intentamos racionalizar nuestras reacciones emocionales y explicarlas desde la razón. ¡¡Es un error!! Las emociones pueden ser comprendidas, pero no racionalizadas, son funciones autónomas que no dependen de la razón ni la voluntad, con identidad propia.  Se mezclan íntimamente con la razón como parte de un hilado de seda.  Pero analizarlas desde la razón es un error. “Las emociones tienen su propio idioma, su propio vocabulario.  Un vocabulario ancestral que forma parte de nuestro ser desde los albores de la humanidad.”

Ya sabemos que primero se disparan las emociones.  Entonces ¿qué hacer?  ¿Recuerdas aquello de contar hasta diez y luego hablar?  Bueno, quien lo propuso como una acción a seguir tenía toda la razón.  Detente, piensa y luego habla.

Te proponemos un potente y necesario ejercicio:

Lo llamaremos Coherencia emocional. 5 pasos

El objetivo es reconocer tus emociones, por tanto, alinear el pensar y el sentir

  1. Reconocer: Has una lista de las emociones que tuviste ayer.
  2. Separar: sepáralas en positivas y negativas para ti
  3. Detectar: Detecta con cuál te sientes mejor
  4. Elegir: elige aquella que detectaste te sientes mejor
  5. Reforzar: Pon en práctica esa emoción elegida en la próxima ocasión.

Nuestra invitación para ti

Te invitamos a la práctica. Has consciente tus emociones para que puedas reconocerlas y así intervenir en ellas.

Un abrazo

Equipo Visión compartida

Lucía Canteros es Neurosicoeducadora, Master en comportamiento no verbal, directora de Lucía Canteros EIRL Capacitación y asesorías, y colaboradora en Consultora Visión compartida.

[1]López Rosetti, D. (2019). Emoción y sentimientos. No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan (19ª ed.).  Buenos Aires: Ed Planeta.

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