¿Te suena el valor y la importancia de acompañar a un ser querido cuando está enfermo? ¿O acompañar a un deudo cuando perdió a un ser querido?

Aprendimos que acompañar a alguien en tales circunstancias era o es importante pues aquella persona está sufriendo, está en una situación o condición vulnerable, y que necesita soporte, apoyo, cercanía, palabras, y más que palabras muchas veces. En ocasiones necesita cariño, también que le acerquen alimento, se lo preparen, ayuda para ir al baño, o en otras circunstancias, no dejarl@ sol@ pues la soledad agobia, asusta, no sabe cómo ir adelante en ese momento.

Los anteriores son algunos ejemplos, posiblemente vívidos, reales en las vidas de cada ser humano, y que hacen sentido y valor a la palabra acompañar.

Acompañar es, no dejar solo o sola a alguien que en ese momento o circunstancia necesita apoyo para atravesar una instancia de vulnerabilidad, de duda en sus propias capacidades. Y bien – en general – lo tenemos asumido en los roles de cuidador o cuidadora que asimilamos en las conductas sociales ya establecidas: madre, padre, médicos y personal de salud, profesor@s, guías espirituales, por mencionar quizás los más tradicionales.

¿Cuál es el punto aquí?

Desde el punto de vista organizacional, ¿qué situaciones o circunstancias nos exponen a la necesidad de acompañamiento?

Acompañar es más profundo que solo capacitar o dar una opinión o instrucción… una imagen no alcanza para dar real realce al proceso de acompañamiento.

¿Cuántas veces necesitaste o necesitas apoyo, cuidado, que no te dejen sol@, porque lo que transitas te vulnerabiliza (permíteme la palabra), te expone en tu sentir de soledad y riesgo de abandono porque lo que enfrentas te provoca grados de angustia y temor? Permítanme solo llevarlo en esta ocasión a la vulnerabilidad que experimentamos en el proceso de aprendizaje, cuando estás aprendiendo algo nuevo, cuando te enfrentas al desafío de cambio, de modificar una práctica operacional o una manera de abordar un procedimiento o grupo o proyecto, o tarea incluso.

¿Cuánto agradecerías el ver, el sentir, que alguien competente está cerca de ti para ayudar a sostener el avance en un desafío que enfrentas? ¿Cuán distinto y mejor sería?

Acompañar es distinto de seguir

Hago entonces una gran distinción, entre hacer seguimiento y acompañamiento de alguien, en un proyecto, en un proceso, en algo nuevo. Seguimiento dice relación con supervisar, mirar desde lejos si cumple o no cumple con lo definido, y acompañar dista mucho de esto. Acompañar pone el acento en la seguridad del otro (otra), en el reconocimiento de que está aprendiendo, de que es posible y a veces necesario el error, de que nada malo pasará, que confío en ti, de que estoy aquí para ayudarte, para contenerte, de que no estás sol@, de que estamos juntos en esto.

Invitación

Elije entonces. En la siguiente ocasión, ¿harás seguimiento o acompañamiento de esa persona involucrada en “x” compromiso?

Las palabras importan como hemos expresado antes…. Y el estilo de guiar o liderar también.

Un abrazo contenedor

Equipo Visión compartida

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