En una red sana, el protagonismo no se concentra. Lo que se distribuye, se fortalece. Pero en muchas redes, la tendencia es la misma: una o dos personas cargan con la convocatoria, la organización, la facilitación… y el resto, mira.

La problemática

Cuando el liderazgo está concentrado, la red se vuelve frágil. Si la persona clave se enferma, se cambia de cargo o se agota, todo se desarma. Lo más grave: se instala la idea de que “sin esa persona, no pasa nada”. Y eso va en contra del sentido mismo de red: colaboración, circulación, autonomía.

Algunas soluciones posibles

  • Reconocer roles múltiples dentro de la red: nodo, puente, motor, facilitador/a.
  • Rotar funciones por periodo o por reunión: convocar, facilitar, sistematizar, coordinar.
  • Formar duplas o equipos para cuidar tareas clave: que nadie quede solo en el rol.
  • Fomentar el liderazgo emergente: invitar a participar a quienes no lo hacen habitualmente.

¿Qué puedes hacer?

Si tú lo haces todo, la red no está creciendo: está sobreviviendo. Esta semana, entrega un rol a alguien más. Confía en el tejido colectivo.

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