Salud e Interculturalidad: una deuda pendiente que podemos empezar a saldar
Hablar de salud en contextos diversos no es solo una cuestión técnica, es un acto profundamente humano y político. En territorios donde conviven múltiples culturas —como sucede en el altiplano, en Araucanía, Chiloé y gran parte de Chile— no basta con ofrecer atención; es necesario comprender al otro desde su propia cosmovisión. Esta serie de publicaciones busca abrir conversaciones incómodas, reconocer prácticas invisibilizadas y ofrecer herramientas reales para avanzar hacia una salud más justa, respetuosa y pertinente. Porque cuando la salud escucha, también sana vínculos.

El siguiente es el primer artículo: Salud con Pertinencia: Más que traducir, es comprender

¿Por qué seguimos hablando idiomas distintos cuando compartimos el mismo dolor?

A diario, en centros de salud rurales y urbanos de Chile, profesionales y usuarios se miran… pero no siempre se entienden. Aunque se compartan palabras, los significados a menudo no coinciden. El dolor que una persona expresa puede no tener un correlato inmediato en las categorías biomédicas, y la respuesta del equipo de salud puede sentirse técnica, distante o incluso desatinada desde la vivencia cultural del paciente.

La salud, aunque muchos aún no lo vean, es profundamente cultural. Está tejida por símbolos, creencias, prácticas cotidianas, y formas propias de entender el cuerpo, el bienestar y la enfermedad. La “adecuación intercultural” que promueve el Modelo MAIS no puede quedar reducida a la presencia de un facilitador o a traducir una receta al mapudungun. Es urgente y éticamente necesario avanzar hacia una comprensión más profunda, donde el respeto se traduzca en acción.

¿Qué entendemos por pertinencia cultural en salud?

La pertinencia no es un detalle, es el punto de partida. Hablar de pertinencia cultural implica reconocer que los sistemas de salud —y quienes los habitan— tienen una cultura dominante que muchas veces excluye otras formas de entender y vivir la salud.

En el contexto chileno, esto significa visibilizar los saberes de los pueblos originarios, las prácticas locales de cuidado, y las formas en que cada comunidad define qué es estar bien o estar enfermo. Aplicar pertinencia es adaptar los espacios, los tiempos, las relaciones y los tratamientos a esa diversidad. No es hacer una excepción; es responder con justicia y coherencia.

¿Cómo se escucha desde el respeto y no desde el juicio?

La primera herramienta de la pertinencia cultural no es un folleto ni una ficha clínica. Es la escucha activa. Escuchar sin interrumpir, sin traducir mentalmente al lenguaje biomédico, sin descartar lo que no entendemos. Escuchar desde la pregunta: ¿Qué está queriendo decir esta persona más allá de sus palabras?

Validar el relato del otro es reconocer su humanidad, su historia y su derecho a nombrar el mundo desde sus propios códigos. Escuchar activamente en clave intercultural es un acto radical de respeto, que abre puertas y restituye confianzas quebradas.

¿Qué podemos hacer distinto en el día a día?

Hay prácticas simples, pero transformadoras, que los equipos de salud pueden implementar:

  • Comenzar cada atención con una pregunta genuina: ¿Cómo está usted hoy? (y realmente escuchar la respuesta).
  • Evitar correcciones automáticas del lenguaje del paciente, incluso si usa términos no médicos.
  • Utilizar materiales visuales que incorporen símbolos, colores o formatos familiares a la comunidad.
  • Incluir prácticas locales de cuidado como parte del tratamiento (por ejemplo, permitir el ingreso de una machi, o considerar infusiones medicinales como complemento).

No se trata de renunciar al conocimiento técnico, sino de ampliarlo desde el diálogo y la humildad. Porque el saber, cuando no se comparte, se vuelve arrogancia.

¿Qué puede cambiar si damos el primer paso?

Cuando la pertinencia cultural se vive y no solo se enuncia, los efectos son inmediatos y duraderos:

  • Mejora la adherencia a tratamientos.
  • Disminuyen los conflictos entre comunidad y equipo.
  • Aumenta la confianza y la percepción de buen trato.
  • Se fortalece la identidad local y el orgullo comunitario.

Pequeños gestos cotidianos —una conversación en la lengua materna, un saludo respetuoso, un tiempo extra para explicar un diagnóstico— tienen el poder de sanar vínculos tanto como cuerpos.

No sigamos traduciendo. Empecemos a comprender.

La interculturalidad en salud no es un favor. Es un derecho. Y también una oportunidad para rehumanizar los servicios, reconectar con el territorio y dignificar las prácticas de cuidado. Hoy más que nunca, necesitamos equipos de salud que sepan ver, escuchar y actuar desde la diversidad.

¿Qué puedes cambiar hoy, en tu espacio de trabajo, para que tu atención sea realmente pertinente?
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