Cada día más organizaciones se atreven, se animan, a considerar que un proceso de planificación estratégico sea participativo.

Si bien las instituciones públicas en Chile tienen un mandato por ley- la Ley 20.500 promulgada el 4 de febrero de 2011, establece las condiciones para la participación de la ciudadanía en procesos de interés público, también establece que «modificaciones a la Ley Orgánica Constitucional de Bases Generales de la Administración del EstadoDFL 1-19653, promulgado el 13 de diciembre de 2000, establecen que cada órgano de la Administración del Estado debe establecer las modalidades de participación que tendrán las personas y organizaciones en el ámbito de su competencia.» – el avance en participación, progresivo, tiene variabilidades que responden a preparación, cultura, creencias, voluntad y decisión, como también desconocimiento de modelos que lo hagan factible y razonable en su incorporación.

Mas allá de la ordenanza vigente, es sabido de la importancia y valor que tiene el involucramiento ciudadano, la participación ciudadana, no sólo en el carácter consultivo de las cosas que le interesan, también en la actuación de prioridades y estrategias de resolución, pues allí se posee el pulso de las necesidades de mejora en los diversos ámbitos de interés: la salud, la educación, la vivienda, la seguridad, la cultura, el deporte, la economía, el desarrollo, los servicios, la infraestructura.

Si llegaste hasta aquí leyendo esta publicación pudieras pensar que la participación aplica sólo a las organizaciones públicas, sin embargo el fundamento central del por qué es tan importante también en las organizaciones privadas corresponde a la creación de compromiso que conlleva.

Ser parte de…

Solo para graficar.

¿Te ha pasado que alguna decisión importante para ti no te ha sido consultada, impactando en ti de alguna manera no esperada?

y no sólo no consultada, ¿te ha ocurrido que tu opinión o aporte pudiera haber contribuido con una mejor respuesta o abordaje de la situación?

¿Y cuál fue tu sentir después de esto?

¿Cuál fue tu disposición posterior en ese tema? ¿Abrió o cerró puertas?

¿Hubiera sido diferente tu actitud y disposición si te hubieran involucrado?

Y aunque tengamos una estructura jerárquica en una organización pública o privada, el sentimiento corre por tus venas. Y eso impacta y enlentece, hasta frena algunos procesos.

Ser parte de esa idea, ese proyecto, ese plan, del avance, es vitalmente clave.

El compromiso, ese concepto tan buscado, surge desde el involucramiento que provee la participación.

Y si no lo hemos incluido en nuestros procesos de trabajo es sólo por temor a que no resulte, a que se desbande, a no poder gestionar la energía que mueve.

La participación moviliza

Si estás buscando que tu equipo se mueva, se comprometa con un resultado, hazlo partícipe del proceso, desde su gestación.

Un grupo humano que participa, propone ideas, plantea sus inquietudes, se enfoca en los resultados posibles, busca opciones, pone su voluntad de mejora en juego, si es adecuadamente conducido y guiado.

Puede ser un proceso pequeño, de menor alcance, para iniciar en la practica y fortalecer la experiencia, como también procesos más transversales, donde los involucrados son varios procesos o departamentos. Existen contenedores que lo permiten.

Si necesitas involucrar participantes externos a tu organización, o a tu departamento, es absolutamente posible, y también deseable, si los «invitados» son parte del resultado, o las acciones les impactan de diversas maneras.

La participación es un proceso que se aprende

Ten presente que la participación no es un concepto solamente, es un pensar, un sentir, una creencia, un accionar que se conduce de cierta manera distinta a la modalidad jerárquica tradicional, para la cual necesitas prepararte y preparar a tu equipo.

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