Hemos establecido antes que la participación genera, como consecuencia, sentido de pertenencia y compromiso por la promesa grupal co-construida.
Ese es el gran valor de los procesos participativos, no sólo el hecho valioso de participar, el proceso, también su resultado.
Hay un aspecto intrínseco que creo vital considerar y relevar: la importancia de la voluntad. ¿Qué es la voluntad? El querer hacer o ser parte de algo, un motor interno, el sentido profundo y personal que le otorgas a una idea, un paso, una acción, una dirección, un resultado posible, y que te mueve a por ello.
¿Te has fijado que con frecuencia cuando se piden voluntarios para algo, algunos se apresuran a indicar con el dedo, “él” o “ella”, “tal” o “cual”?
Hay algo de nervio, temor, en que pasen los segundos y que quedes expuesto o expuesta a tener que levantar la mano y hacerte cargo de aquello que quizás no te interesa, no te importa, o no crees ser idóne@ o capaz, por lo que prefieres “pasar”, y la mejor manera histórica de pasar es “presionar” para que otro tome el joystick, la responsabilidad.
Ser protagonista

Entonces, si así ocurre, hemos caído en la mala práctica que distorsiona la esencia de lo que la voluntad sostiene: yo quiero, yo puedo, y si no sé cómo, yo busco, ser protagonista de los cambios, de los avances, de la mejora.
¿Has sido protagonista de algo? Busca un ejemplo. ¿Has sentido la emoción que conlleva? ¿Has vivido el impacto inmenso del resultado logrado y del que has sido parte, y pieza clave?
Esas tres preguntas pueden ser suficiente. Ser parte de, lleva en su interior un secreto escondido de alto valor cuando ha sido “mi elección”, porque a mi me importa, porque quiero ser parte, porque me hace sentido, porque no me quiero perder la magia del resultado que lograremos.
Elegir es un acto que se hace desde la voluntad, ese motor interno que es parte de la esencia del ser humano, de ese grillito que te dice que por ahí va la cosa, te tinca, aunque no sepas cómo y cuál será el resultado final.
Voluntad e intuición
Algo de intuición hay aquí también. Recuerda que es una habilidad que todo ser humano tiene y que no empleamos con frecuencia pues no puedes “demostrar” que va a ser de tal manera el camino o el resultado, está sujeto a interpretaciones y valoraciones que no concitan consenso siempre.
Piensa por un momento. ¿Quién está implícitamente autorizad@ en una organización a usar su intuición, su “tincada”, su “corazonada”?
….
Habitualmente quien tiene el poder y el liderazgo, dueños, altos directivos a veces, quienes tienen el poder para decir algo que aparentemente no tiene sustento en los números o presupuestos demostrables.
Con la voluntad ocurre algo parecido. Se espera que levanten la mano en el tema contable, los contadores, en el tema salud, los médicos, en el tema organizacional, RRHH, etc. Y esto limita automáticamente la participación, pues se monta sobre la creencia limitante que sólo los conocedores o preparados en un tema pueden hablar o participar de él.
¿Te suena? Muy similar a la creencia de que solo los directivos son los llamados a pensar estratégicamente.
Un punto más. Si necesitas que se mejoren procesos, ¿a quienes le consultas? ¿Sólo a quienes saben de ese proceso? ¿O buscas la mejora en miradas multidisciplinarias para cruzar diversos aspectos y puntos de vista?
En todos estos casos, muy habituales en la organización actual, necesitas de la voluntad del ser humano, quien levante la mano y diga “yo creo esto” “yo veo esto” …
La clave de incentivar la voluntad
Espero haberte dado suficientes argumentos para que consideres lo clave que es incentivar las elecciones desde la voluntad en procesos como la Planificación estratégica, que como dijimos antes, es un proceso creativo, en el que, si no ideo o creo algo nuevo, no hay cambio y, por tanto, no hay un mejor resultado a x plazo.
Un buen contenedor participativo contempla esto: Sus avances son conducidos a través de acciones voluntarias en las que se suman, sobre todo, quienes les importa el cambio, el resultado, la mejora.
Y no creas que es un grupo reducido el de “voluntarios”. La voluntad organizacional se construye, se crea, es también un proceso de avance que requiere una estrategia para impulsarla, estimularla, y fuertemente, sostenerla con consistencia en el tiempo.
Eso ocurre cuando los líderes han aprendido en la vivencia, el valor de levantar la mano.
Que sea un buen último jueves de este 2023.
Que 2024 traiga hermosos nuevos desafíos de valor para ti y tu organización.
Equipo Visión compartida

