Sí, aunque hemos avanzado.

Sólo para tomar consciencia de algo que ha sido parte de la historia organizacional, y personal, y de lo cual vamos hablando de manera progresiva. Cada vez estamos más conscientes de nuestras emociones, pero posiblemente al borde de los colapsos, del estrés, del burnout, y no como algo que nos ocurre en la habitualidad, de lo que conversamos como algo normal, que accionamos para hacernos cargo de ellas, cada día, en cada momento.

No estoy develando ni descubriendo la pólvora, solo vamos a poner pie en el hecho de que – en muchos casos – no consideramos que la emoción que tenemos está impactando y definiendo el resultado que logramos en una situación dada.

Hemos creído que mostrarlas es malo y negativo

Entonces, ¿por qué decimos que nos saltamos las emociones? Porque son a veces tan fugaces (salvo que nos quedemos en un estar o estado emocional por mucho tiempo) y una emoción se superpone a la siguiente, que no alcanzamos a reparar en ellas, sumado también a que históricamente no hemos querido mostrar nuestra vulnerabilidad en un contexto laboral, por lo que las hemos relegado a los espacios privados y personales. Hemos creído que está mal, o es mal visto mostrarnos emocionales y emotivos en ambientes de trabajo.

Y por supuesto, tenemos decenas de años, posiblemente cientos, de experiencia ocultando nuestras emociones en el trabajo, y como consecuencia o detonante, también en nuestras casas y espacios personales. Esto nos ha transformado casi en expertos en disimularlas – aunque como ya nos hemos dado cuenta – no es posible, y todos o la mayoría percibimos el estar emocional de otros, así como también los propios.

La emoción es parte de nuestros procesos

Los investigadores en lingüística humana y neurociencias coinciden que somos seres emocionales, más que racionales como nos categorizaron en el pasado.

En la publicación anterior, El proceso reflexivo, mencionamos que de los 4 pasos en que transcurre el pensar humano, siempre el segundo de ellos es la emoción que se genera a partir de un hecho definido, en toda circunstancia humana, y que sólo no reparamos en ello.

Para no olvidar

Somos seres emocionales. Las emociones nos prestan ayuda en nuestro accionar cotidiano (huir, quedarse, moverse, disfrutar, entender, reflexionar, aprender, etc.), son por tanto vitales, y sólo tenemos el desafío de aprender a reconocerlas y gestionarlas para que sean nuestras aliadas y no el enemigo que termina complicándonos la vida laboral y personal.

Toda actividad humana está y estará mediada por alguna emoción o sus mezclas (emociones básicas o mixtas) tal como referencia El Alba emoting desarrollado por la chilena Susana Bloch y su equipo de investigadores, por lo que la invitación es a integrarlas a nuestra cotidianidad, no como una artificial inclusión, sino sólo observándolas, reconociéndolas y permitiendo su expresión cuidadosa en las conversaciones que tengamos, conduciéndolas para lograr mejores resultados al pensar, hablar, organizar, generar acuerdos, actuar, evaluar y reflexionar, mejorar nuestros procesos y reconocernos como humanos que integramos grupos humanos con objetivos compartidos, ojalá dentro de una visión común.

Nuestra invitación

  1. A reconocer emociones básicas
  2. A preguntar por el sentir de una persona
  3. A incluir las emociones en procesos reflexivos

Con práctica todo se puede.

Saludos

Equipo Visión compartida

Bienvenida/o 👋
Gracias por sumarte

Regístrate para recibir nuestras publicaciones semanales.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.