¿De qué respeto estamos hablando?
En salud intercultural se habla mucho de “respeto”, pero ¿realmente comprendemos su dimensión profunda? En contextos rurales en Chile, donde coexisten saberes ancestrales, historias de despojo y sistemas biomédicos dominantes, el respeto no puede ser solo una actitud cortés. Tiene que ser una práctica transformadora. El respeto implica asumir que el otro —una persona, una cultura, una historia— tiene valor por sí mismo, aunque piense, sienta o cure distinto a mí.
Este respeto no se declara: se encarna. Y se mide en lo cotidiano. En cómo se escucha, en qué palabras se usan, en cómo se responde frente al dolor o a una medicina “que no aparece en la ficha clínica”. ¿Podemos realmente hablar de salud integral sin una práctica concreta y consciente del respeto? Vamos paso a paso.
Fase 1: ¿A quién estás escuchando realmente?
Respetar parte por escuchar, y no solo oír. Escuchar activamente a una persona mapuche o aymara, por ejemplo, significa más que recibir sus palabras: significa captar su mundo, sus símbolos, su dolor y sus silencios. Escuchar sin imponer el marco biomédico como única verdad.
Recomendación: Practica la escucha activa suspendiendo juicios. Si no entiendes algo, pregúntalo desde la humildad. No traduzcas sus palabras a tu lógica. Escucha para comprender, no para corregir.
Fase 2: ¿Reconozco los saberes del otro como legítimos?
El respeto se rompe cuando consideramos ciertos saberes como “menos científicos”, “solo creencias” o “tradiciones simpáticas pero no válidas”. Desde la perspectiva intercultural, reconocer el valor de una medicina tradicional, una ceremonia, o una conversación espiritual, no es opcional: es central.
Recomendación: Integra preguntas sobre prácticas culturales en tus entrevistas clínicas. No se trata de validarlas clínicamente, sino de hacerlas visibles y presentes como parte de la historia de salud.
Fase 3: ¿Cómo me posiciono en la relación?
Respetar también es revisar el poder. Cuando una persona se siente mirada “desde arriba”, evaluada o ignorada, el respeto desaparece, aunque sonrías. La horizontalidad no es un gesto: es una decisión consciente de paridad en la relación.
Recomendación: Elige bien tus palabras. Usa menos tecnicismos, más preguntas abiertas. Evita interrumpir. Y sobre todo, agradece los saberes que te son compartidos.
Fase 4: ¿Qué hago con lo que escucho?
Escuchar con respeto exige acción. Si una usuaria comparte que tomó un remedio mapuche, ¿qué haces con esa información? ¿La ignoras, la anotas, la desestimas? El respeto real implica integrar, o al menos, no invisibilizar. Si no tienes formación al respecto, busca a alguien que la tenga.
Recomendación: Construye redes con agentes de salud cultural del territorio. No necesitas saberlo todo, pero sí reconocer cuándo derivar o compartir decisiones con quienes sí lo saben.
Fase 5: ¿Qué estoy sembrando en el vínculo?
Cuando el respeto se practica de forma constante, se cultiva confianza. Y la confianza es la base de cualquier proceso de cuidado. No basta con “no discriminar”: hay que reparar relaciones, abrir espacios y sostener la dignidad del otro, sobre todo cuando ha sido históricamente desvalorizado.
Recomendación: Evalúa no solo los resultados clínicos, sino también el vínculo construido. ¿Esa persona vuelve? ¿Se sintió cuidada? ¿Podría recomendar tu atención a alguien de su comunidad?
¿Y tú? ¿Qué significa para ti respetar en tu práctica diaria?
Invitamos a cada trabajador y trabajadora de la salud a preguntarse si su forma de actuar realmente honra la diversidad cultural que habita en su territorio. ¿Qué cambios pequeños puedes hacer esta semana para que el respeto no sea solo un valor declarado, sino una experiencia sentida?

