Hemos transitado en tan solo un par de décadas desde dar instrucciones operacionales (léase indicar o decir lo que hay que hacer) a pretender que colaborador@s hablen y expresen una opinión enfocada en mejora de algún proceso o situación de interés de la organización.

Puede parecer algo obvio lo que expreso, sin embargo, al reparar en que han transcurrido casi 100 años de un estilo de liderazgo jerarquizado que impuso una única mirada de las cosas, en que históricamente nos acostumbramos a recibir instrucciones, para lo cual no era necesario elaborar ideas propias, y menos aceptado el expresarlas, no es extraño que aún hoy muchos colaboradores no las elaboren o tampoco se atrevan a comunicarlas.

Es una costumbre muy arraigada, y tanto, que quienes dirigen hoy tampoco notan que requieren un cambio comunicacional y relacional para que ocurra.

¿Qué no estamos haciendo?

¿Qué está ocurriendo que muchos no se atreven a expresar sus ideas, perdiendo oportunidades insospechadas quizás?

Alguien podría hacer una lista de posibles causas, entre ellas, clima no propicio, temor, vergüenza, ausencia de ideas, malas experiencias, etc., pero a ninguna de ellas me referiré aquí.

Hablo de un aspecto muy humano que perdimos de tanto “decir lo que hay que hacer.”

Perdimos la oportunidad de hacer preguntas.

Preguntar se ha entendido por mucho tiempo como símbolo de debilidad, de ausencia de conocimiento, ignorancia, y en un entorno jerarquizado eso no era permitido. Se decía “te contrato porque sabes”, por tanto, quedaba de inmediato excluida la posibilidad de no saber algo, no era aceptable.

Incluso hoy es discutible. Se espera que sepamos y la realidad es que no siempre sabemos, y no tenemos por qué saber todo, no es posible. Un especialista sabe más que su propia jefatura, y eso es un dato y una necesidad.

Un jefe no puede saber todo, pero sí, aprender a formular las preguntas correctas en los contextos correctos para abrir las conversaciones que agreguen valor a la organización.

La mejora de procesos ocurre si hacemos la pregunta adecuada. La confianza se construye a partir de conversaciones propositivas que desencadena una pregunta seleccionada. La cercanía relacional se fortalece con preguntas abiertas en circunstancias propicias.

Para qué ahondar más.

Diseña y formula preguntas que abran mundos positivos para tu equipo y para ti.

Saludos

Bienvenida/o 👋
Gracias por sumarte

Regístrate para recibir nuestras publicaciones semanales.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.