Estoy sentada en mi sillón favorito. Una brisa agradable entra por la ventana y refresca mi rostro. Leo apaciblemente el último libro que he comprado. De pronto -¡¡una fuerte detonación!!– justo al lado mi ventana. Mi cabeza da una sacudida. Me doy cuenta de que me he echado para atrás en el sillón. Mi ritmo respiratorio y cardíaco se han acelerado. Pienso ¿fue un disparo? Luego escucho como se aleja un auto a toda velocidad. Era la explosión de un tubo de escape. ¡Tuve miedo por algunos segundos!
Rol evolutivo de la emoción del miedo

El miedo es una reacción ante una situación de peligro y su rol evolutivo viene de “la noche de los tiempos”. El miedo es una emoción muy intensa, que produce una activación orgánica que involucra todo el cuerpo. Resulta de la valoración que hacemos de una circunstancia que calificamos como amenazante para nuestra integridad personal, ya que su magnitud o naturaleza supera la nuestra capacidad de afrontamiento individual.
Según su dimensión el miedo aumenta el tono muscular, produce taquicardia y eleva la presión arterial, entre otros cambios fisiológicos. Su rol es permitir nuestra sobrevivencia.
El cerebro y el miedo
Es importante señalar que los circuitos cerebrales que activan el miedo son los mismos que activan la ansiedad. Ahora el miedo es una emoción y la ansiedad una enfermedad de nuestros tiempos.
Estudiosos de las funciones del cerebro han demostrado, por ejemplo, que ver posturas o gestos alegres activan solamente las regiones del cerebro que procesan la información visual, mientras que ver posturas o gestos que reflejan miedo, activan también las regiones que regulan el sistema motor. Esto explicaría por qué las reacciones en situaciones de miedo son tan rápidas y, efectivamente, ocurren antes de que los procesos cognitivos se pongan en marcha. Un buen ejemplo es la inmediata respuesta que tenemos ante los signos de miedo en otros o la rapidez con que saltamos ante el peligro de ser arrollados por un vehículo.
El miedo es contagioso
El miedo es extremadamente contagioso de modo que, si otros tienen miedo, nosotros inmediatamente reaccionamos con miedo, antes de pensar o razonar, qué nos ocurre. Cuando los otros corren con miedo en sus caras, pensamos: si los otros corren, yo también tengo que correr.
¿Qué hacer ante el miedo?

¿Qué hacer? ¿Como abordar el miedo? Detenerse por unos segundos, si la situación lo permite, pensar, evaluar la situación, buscar la razón de por qué los otros huyen. Pensar por unos segundos, permite no incluirse en un grupo corriendo pues es aún más peligroso, permite ver hacia donde tenemos que ir, qué podemos hacer. Y aunque ahora, sin miedo piense que eso demora mucho…
Les advierto que no es así, lo anterior lo hacemos en segundos, y a veces así evitamos un mal mayor.
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Nuestra invitación
Pon en práctica las indicaciones que te mencionamos. Con la práctica podrás lograr un mejor control en cada situación.
Equipo Visión compartida

Lucía Canteros es Neurosicoeducadora, Master en comportamiento no verbal, directora de Lucía Canteros EIRL Capacitación y asesorías, y colaboradora en Consultora Visión compartida.

