En las organizaciones hablamos mucho de productividad, cumplimiento, metas, resultados y desempeño. Mucho menos hablamos de las condiciones personales y colectivas que permiten sostener ese desempeño en el tiempo.

Con frecuencia el cuidado aparece recién cuando algo falla: cuando una persona se enferma, necesita una licencia, está agotada o simplemente ya no puede mantener el mismo ritmo.

Pero el cuidado no debería comenzar cuando aparece el daño.

Muchas veces vivimos como si el cuerpo pudiera esperar

Hay hábitos cotidianos extraordinariamente simples que conocemos, pero postergamos: tomar suficiente agua, alimentarnos adecuadamente, movernos, descansar, dormir mejor, desconectarnos de las pantallas, salir al aire libre o disponer de algunos minutos para recuperar energía durante el día.

Nada de esto parece urgente.

Y precisamente por eso se posterga.

Podemos pasar semanas durmiendo mal, alimentándonos a la carrera, sentados durante horas frente a una pantalla y acumulando cansancio. Seguimos funcionando y creemos que estamos bien porque todavía podemos cumplir.

Hasta que dejamos de estarlo.

Entonces intentamos recuperar en un fin de semana lo que desgastamos durante toda la semana, o esperamos las vacaciones de verano como si fueran el momento del año destinado a reparar meses de cansancio acumulado.

Pero no podemos vivir once meses esperando uno para recuperarnos.

El cuidado también ocurre de lunes a viernes

Una de las ideas que hemos incorporado en Gestión +Fácil es que el cuidado no tiene que ser necesariamente una gran intervención.

Hay cosas pequeñas que están literalmente al alcance de nuestra mano todos los días.

Tomar agua.
Hacer una pausa breve.
Levantarnos y movernos.
Comer con un mínimo de tranquilidad.
Salir unos minutos al exterior.
Conversar con alguien.
Reducir por momentos la exposición a pantallas.
Reconocer cuándo necesitamos detenernos.

Son acciones pequeñas, pero tienen una característica fundamental: pueden incorporarse a la vida cotidiana.

El desafío no es solamente saber que hacen bien. Casi todos lo sabemos.

El desafío es hacerlas.

El bienestar y la productividad no son mundos separados

A veces pareciera que cuidar a las personas y alcanzar resultados fueran objetivos que compiten entre sí.

No debería ser así.

Un equipo cansado, sobrecargado o permanentemente sometido a urgencias puede continuar produciendo. Pero probablemente tendrá mayores dificultades para concentrarse, coordinarse, aprender, relacionarse adecuadamente y sostener un buen desempeño.

También existe un desgaste provocado por la propia forma en que organizamos el trabajo: reuniones innecesariamente largas, tareas duplicadas, falta de claridad, responsabilidades concentradas en pocas personas, interrupciones permanentes y procesos que obligan a invertir energía en cosas que podrían hacerse de manera mucho más simple.

Por eso, cuidar al equipo también significa gestionar mejor el trabajo.

No todo el cuidado ocurre fuera de la jornada laboral.

No todo depende de la organización

También existe una dimensión personal que no conviene eludir.

Una organización puede favorecer mejores condiciones, pero cada persona mantiene una responsabilidad sobre decisiones cotidianas que están dentro de su ámbito de acción.

Podemos conocer perfectamente la importancia del descanso, la hidratación, el movimiento o la desconexión y, aun así, no incorporarlos.

El autocuidado no puede reducirse a una charla anual, una actividad de bienestar o una jornada especial.

Necesita transformarse en pequeñas decisiones repetidas.

Y allí aparece nuevamente una idea que atraviesa Gestión +Fácil: lo pequeño, cuando puede sostenerse, puede producir cambios importantes.

Cuidar antes de tener que reparar

Quizás necesitamos cambiar una pregunta.

En lugar de preguntarnos solamente:

¿Qué hacemos cuando alguien está agotado?

podríamos preguntarnos:

¿Qué pequeñas prácticas podemos incorporar hoy para evitar llegar permanentemente al agotamiento?

No podremos controlar todas las condiciones de nuestra vida ni eliminar la presión del trabajo. Tampoco una pausa de cinco minutos resolverá problemas estructurales de una organización.

Pero entre no poder resolverlo todo y no hacer nada existe un enorme espacio de posibilidades.

Cuidar al equipo también es gestionar

En Gestión +Fácil nos desafiamos a que el cuidado forme parte de la gestión cotidiana: hacer visible cómo estamos, proteger pequeños espacios de recuperación, utilizar mejor el tiempo y favorecer prácticas que puedan sostenerse sin transformarse en una nueva carga.

Porque los resultados necesitan personas capaces de sostenerlos.

Y quizás una de las transformaciones más simples -y culturalmente compleja- es que podemos dejar de pensar que primero debemos trabajar y después cuidarnos.

Nos cuidamos también para poder trabajar, aprender, colaborar y vivir mejor.

Principio 8: Cuidar al equipo también es gestionar.


Próxima publicación: hemos recorrido los principios 1 al 8 de Gestión +Fácil. Durante este camino toma mucha fuerza uno más. Lo llamamos Principio 0 — Siempre hay tiempo prioritario porque, aunque parece invisible, termina revelando algo que está en la base de todos los demás.

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