Me avisan que el director quiere verme en su oficina de inmediato. Mientras camino pienso, ¿le parecieron mal mis comentarios en la reunión? ¿supo de mis quejas? ¿apuesto que el informe que entregué estaba mal? ¿habrá venido un apoderado a quejarse? …
La preocupación y la ansiedad son las responsables de llenar nuestra vida de catástrofes imaginarias.
La ansiedad se genera antes de que la amenaza se haga real. Es suponer más un peligro potencial producto de la imaginación que un riesgo real. Es decir, ya sólo con la posibilidad de la existencia de una posible amenaza, nos sentimos ansiosos y temerosos. Por lo tanto, la ansiedad tiene un carácter anticipatorio cuya función es evitar, la aparición de una “posible” situación riesgosa.
Todo está en mi imaginación

La ansiedad focaliza nuestra atención en aquellos datos que se relacionan con nuestro estado ansioso. En este caso todo está en mi imaginación y son esos pensamientos los que me generan ansiedad. Estoy concentrad@ en el “problema” ¿Qué hice? ¿Qué pasó? ¿Quién está detrás de esto?
Además la ansiedad produce sesgos en la interpretación de la información. Es decir, ante estímulos ambiguos tendemos a desechar el significado neutro y sobrevalorar el de peligro. En el ejemplo anterior, le dicen “el director quiere verte en su oficina”, de inmediato piensa en una situación de peligro. Las preocupaciones imaginadas están en la génesis de la ansiedad. La preocupación es, en cierto sentido, una búsqueda de lo que puede ir mal y cómo evitarlo. Y esto es bueno si se hace con equilibrio.
Lo malo es la exageración. Si la emoción es desproporcionadamente intensa respecto a la supuesta peligrosidad del estímulo, deja de ser una herramienta para evitar peligros y se convierte en un problema que genera malestar, tanto a nivel físico como mental.
Desafortunadamente, nuestros cerebros (los de todos, seamos quienes seamos) reaccionan más intensamente a los acontecimientos negativos. Las circunstancias negativas tienen mayor peso en nuestra conducta que las positivas. Te sientes más disgustado cuando pierdes cinco mil pesos que contento cuando te encuentras esa misma cantidad.
¿Que hacer frente a la ansiedad?

En una situación que te genera ansiedad aprende a respirar:
Inhala despacio por la nariz, contando hasta 4, detente cuenta hasta 4, ahora exhala botando lentamente por la nariz contando también hasta 4. Repite esta respiración, por lo menos, 3 veces, o hasta que sientas que la ansiedad ha bajado su intensidad. Durante la respiración observa que sea tu estómago y no tu tórax el que se eleve para que la respiración sea más efectiva y entre mayor cantidad de oxígeno a tu cerebro.
Te invitamos a practicar el respirar diafragmáticamente, o abdominalmente, cada vez que te sientas con ansiedad. Los resultados los percibirás de inmediato.
Equipo Visión compartida

Lucía Canteros es Neurosicoeducadora, Master en comportamiento no verbal, directora de Lucía Canteros EIRL Capacitación y asesorías, y colaboradora en Consultora Visión compartida.

